La Inmaculada Niña

En el convento de la Inmaculada Concepción de San José de Gracia de la ciudad de México, hubo una religiosa llamada Magdalena de San José, quien nació en la misma ciudad de México el día 22 de julio de 1790.

El día 6 de enero de 1840, festividad de los Santos Reyes Magos, mientras la comunidad estaba en oración y adoraba al Niño Jesús, la Madre Magdalenita sintió por inspiración divina el deseo de que María Santísima fuera venerada en su Infancia, cuyo deseo aumentó por un sueño que tuvo dos veces. Soñó a la Santísima Niña, que llamándola por su nombre la exhortaba a que promoviera esta devoción diciendo:

“Quiero que se me de culto en mi Infancia,
concederé cuanto se me pida en esta advocación.”

La M. Magdalenita llena de alegría, manifestó todo a la M. Abadesa, y le pidió que mandara esculpir una imagen de María Niña para darle culto. Necesitó esperar tiempo para que la M. Abadesa accediera a esta petición, pues necesitaba estar segura que esto fuera voluntad de Dios y además el precio de la escultura le parecía costoso.

Un buen día en que la M. Magdalenita se puso a ordenar la habitación en la que  se guardaban cosas sin uso, vio la imagen de un ángel, de unos 40 centímetros de largo y de inmediato descubrió en él, el rostro de la Virgen que se le había presentado en sus sueños y pensó, que transformándolo un poco, podría convertirse fácilmente en la Virgen Niña.

Entusiasmada con su hallazgo, le propuso su idea a la Madre Abadesa, quien después de muchos ruegos, accedió a llamar un escultor. El escultor remodeló el ángel hasta convertirlo en la Virgen Niña.

La M. Magdalenita, llena de amor a la Madrd de Jesús, y con inmensa alegría comenzó a dar a conocer la devoción a la Inmaculada Niña, con el nombre de “Divina Infantita”

Arrullo a la Inmaculada Niña